La industria española de la pasta, el papel y el cartón continúa consolidando su transición hacia un modelo industrial basado en la eficiencia de los recursos, la innovación tecnológica y la sostenibilidad ambiental. Así lo recoge la Memoria de Sostenibilidad 2024 de ASPAPEL, la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón, que analiza el desempeño del sector en cuatro ámbitos clave: gestión forestal, proceso productivo, circularidad e impacto social.
El documento refleja una estrategia sectorial asentada en el uso de materias primas naturales y renovables, el impulso de la bioeconomía y la mejora continua de los procesos industriales. Esta hoja de ruta ha permitido compatibilizar el crecimiento productivo con la reducción del impacto ambiental, reforzando al mismo tiempo la competitividad del sector en un contexto marcado por las políticas europeas de descarbonización y reindustrialización.
Según explica Manuel Domínguez, director general de ASPAPEL, el sector papelero “está demostrando que la sostenibilidad es una palanca real para el desarrollo industrial”, y subraya que, en un escenario en el que la bioeconomía se consolida como eje estratégico de la Unión Europea, la industria papelera “evoluciona, invierte y genera valor con la convicción de que sostenibilidad y competitividad deben avanzar de la mano”.
Desde 2020, las empresas del sector han acumulado más de 246 millones de euros de inversión en mejoras ambientales, lo que representa aproximadamente el 20% de su inversión anual, según datos de la propia asociación.
Gestión forestal sostenible y empleo rural
El origen del papel se encuentra en bosques locales gestionados de forma sostenible. En 2024, el 88% de la madera utilizada para fabricar celulosa procedía de plantaciones nacionales, que actúan como sumideros de carbono, contribuyen a la conservación de la biodiversidad y refuerzan la resiliencia de los montes frente a riesgos como los incendios.
La actividad forestal del sector cuenta con el respaldo de sistemas de certificación independientes: el 95% de las fábricas dispone de certificación PEFC y/o FSC, que garantizan buenas prácticas de gestión. Estas plantaciones generaron más de 4.500 empleos directos y cerca de 14.300 indirectos, contribuyendo a la dinamización económica de las zonas rurales y a la lucha contra la despoblación.
Circularidad y reciclaje
El modelo industrial papelero español se sitúa entre los más avanzados de Europa en términos de economía circular. En 2024, las fábricas reciclaron 5,2 millones de toneladas de papel recuperado, lo que elevó la tasa de reciclaje hasta el 83,6%. Con estas cifras, España se mantiene como el tercer mayor reciclador de papel y cartón del continente, según datos sectoriales.
Producción eficiente y reducción de emisiones
En el ámbito productivo, la industria sigue avanzando hacia procesos menos intensivos en carbono. El mix energético incorpora de forma creciente biomasa y biogás, y el sector genera internamente el 82% de la electricidad que consume. Desde 2020, las emisiones de dióxido de carbono se han reducido un 29%, incluso con un ligero aumento de la producción.
La gestión de residuos también ha mejorado de forma significativa: la fracción destinada a vertedero se ha reducido en más de siete puntos en los últimos cuatro años y actualmente se valoriza el 78% de los residuos de proceso. En cuanto al uso del agua, la aplicación de nuevas tecnologías y la optimización de circuitos internos han permitido reducir el consumo por tonelada producida, devolviéndose al medio el 84% del agua empleada tras su depuración.
Impacto social y calidad del empleo
La industria papelera mantiene un impacto relevante en el ámbito social. Con 17.489 empleos directos y más de 87.400 indirectos, el sector destaca por la estabilidad y calidad del empleo: el 95% de los contratos son indefinidos y el 46% de la plantilla cuenta con más de 15 años de antigüedad. Además, los índices de siniestralidad se sitúan muy por debajo de la media industrial, según datos de ASPAPEL.
En conjunto, la Memoria de Sostenibilidad 2024 refleja un sector industrial maduro, alineado con los objetivos europeos de sostenibilidad y bioeconomía, y con una base sólida para seguir avanzando en eficiencia, innovación y responsabilidad ambiental.














